Galliano × Zara y el colapso de las jerarquías en la moda

Por Adriana Barreno.

Hace dos años, John Galliano se despedía de la moda tras presentar su última colección para Maison Margiela, poniendo fin a una década en la que no solo revitalizó la maison, sino que reescribió el lenguaje contemporáneo del diseño. Consolidando así su imagen como un creador capaz de convertir la costura en narrativa y la narrativa en arte. Por eso, cuando anunció su retirada, la industria asumió que el telón había caído de forma indefinida. Pero el futuro, como siempre, tenía otros planes.

John Galliano fotografiado por Szilveszter Makó para Zara.

John Galliano, uno de los diseñadores más influyentes y teatrales de su generación, el mismo que revolucionó Dior en los 90 y resurgió en Margiela con una visión onírica de la costura, vuelve a situarse en el centro del debate. Pero esta vez no por un episodio tan controvertido como su caída pública en 2011. O, al menos, no exactamente.

Tras despedirse brevemente de las pasarelas en 2024, Galliano regresa, pero no al lugar que imaginábamos. No vuelve a París, ni a una casa histórica, ni a un proyecto de autor. Vuelve nada más y nada menos que a Zara. Y lo hace para protagonizar uno de los movimientos más ambiciosos y sísmicos que ha visto la industria en años: reinterpretar el archivo del gigante gallego durante dos temporadas, deconstruyendo piezas de colecciones pasadas para transformarlas en nuevas propuestas bajo su mirada.

Un sistema que ya no sostiene a sus genios

No se trata de una colección cápsula ni un breve cameo, es un pacto creativo a largo plazo que reordena el tablero global. De algún modo, podríamos decir que la alta costura baja al barro y el fast fashion asciende al Olimpo. Y en ese choque, las jerarquías que parecían inamovibles se deshacen como papel mojado.

He estado revisando archivos recientes de Zara. La idea es que yo sea su reautor… Es algo muy positivo para el momento en el que estamos, y muy sostenible desde un punto de vista creativo”, confesó a Vogue durante la Semana de la Moda de París.

La palabra clave es esa: reautor. Galliano no viene a diseñar desde cero, sino a reescribir, reinterpretar y reimaginar. Un ejercicio de arqueología textil que, paradójicamente, acerca la moda ultrarrápida a la filosofía de la alta costura: menos producción y más intención.

Tras su icónico desfile final para Margiela Artisanal en 2024, Galliano se bajó del “tiovivo de la moda” para jubilarse a los 63 años. Pero la ociosidad nunca ha sido compatible con una la mentalidad de un genio inquieto. Es así como decidió volver a la industria que lo coronó como maestro. Durante los próximos dos años trabajará sobre piezas olvidadas del archivo de Zara, elevándolas mediante procesos propios. Las colecciones se presentarán por temporadas y comenzarán a ver la luz en septiembre de 2026, inaugurando así una colaboración sin precedentes.

De pronto, la visita de Anna Wintour a Arteixo en enero (justo después de la semana de la Alta Costura de París) cobra sentido. La exeditora de Vogue USA no viaja sin motivo. Y si Wintour se desplaza a Galicia, es porque algo importante está a punto de suceder. Quizá quería ver con sus propios ojos cómo se gesta el movimiento que va a redefinir por completo la relación entre el lujo y la masividad.

¿Quién necesita a quién? La pregunta que incomoda a la industria

Y es que la contradicción es tan evidente como fascinante. Mientras la alta costura genera entre 1.000 y 2.000 millones de dólares al año, sostenida más por su “aura” que por sus ventas reales, la moda a gran escala mueve más de 100.000 millones anuales, con Zara liderando un imperio que vende en una semana lo que una maison vende en una década.

En un mercado donde la couture ya no vende, donde su supervivencia depende de perfumes, bolsos y, prácticamente, mitología, aliarse con el “enemigo” deja de ser una traición para convertirse en pura estrategia. Y con ello reescribimos la historia de la moda, porque Zara ya no aspira al lujo: lo está absorbiendo.

La cuestión ya no es si la moda de consumo masivo puede aspirar al lujo, porque ya lo ha hecho, sino si la alta costura puede sobrevivir sin ella.

La alta costura lleva años susurrando una crisis que nadie quiere pronunciar en voz alta: costes imposibles, audiencias envejecidas, relevancia cultural en declive y un ecosistema donde solo sobreviven las casas respaldadas por gigantes financieros. En ese paisaje tan frágil, Galliano decide llevar su visión a un territorio donde la audiencia no es exclusiva, sino global, inmediata y masiva. Y ese gesto, tan inesperado como radical, plantea una pregunta difícil: ¿puede la alta costura seguir siendo un club privado cuando sus propios genios empiezan a trabajar para el fast fashion?

La respuesta puede que sea evidente: la alta costura ya no es el centro del universo. Los diseñadores buscan nuevos territorios donde su creatividad tenga impacto (económico) real, no solo relevancia histórica. Galliano está redefiniendo qué significa ser un creador en pleno 2026.

Si nos remontamos a su archivo, la moda, para Galliano, no es solo ropa. Es pura transformación. Su visión parte de la construcción, la emoción y la explotación de esa capacidad que tiene la moda para crear mundos paralelos. Su enfoque es profundamente artesanal y fantasioso, más cercano a la performance que al producto.

Por eso será especialmente interesante ver cómo se traslada todo ese imaginario a la ropa de Zara, un territorio donde la magia suele brillar por su ausencia.

John Galliano fotografiado por Szilveszter Makó para Zara.

Un nuevo escenario creativo

Para Zara, este movimiento es un golpe maestro. Es una forma de reclamar la legitimidad cultural que llevaba años persiguiendo. Durante mucho tiempo, Inditex ha sido señalado por replicar y acelerar tendencias, pero ahora quiere demostrar que la creatividad también puede nacer dentro de la maquinaria más industrializada del planeta. Galliano, por su parte, defiende que este proyecto es “muy sostenible desde un punto de vista creativo”, una afirmación ambiciosa que, como todo en esta industria, habrá que observar con lupa.

Todo esto no es más que un síntoma de los nuevos tiempos. Zara aporta la infraestructura y Galliano la visión. Ambos comparten la audiencia. La cuestión ya no es si la moda de consumo masivo puede aspirar al lujo, porque ya lo ha hecho, sino si la alta costura puede sobrevivir sin ella.

Y, sin embargo, esta colaboración revela algo más profundo que el propio estado de la industria: habla de nosotras como consumidoras. Crecimos con la moda accesible porque era lo que podíamos permitirnos, aprendimos a vestirnos con ella y moldeó nuestro ojo estético. Sabemos que la producción masiva puede ser dañina y que el lujo no es necesariamente más ético, simplemente ha sabido ocultar mejor sus sombras detrás del precio. Por eso, parte de la indignación que rodea este anuncio suena casi performativa: muchos critican sin entender el daño real, mientras otros lo celebran sin preguntarse qué implica realmente.

Quizá la pregunta no sea si Galliano debería colaborar con Zara, sino qué hacemos nosotros con una realidad que ya está aquí. Esta alianza no va a desaparecer, igual que no desaparecerá nuestra necesidad de vestirnos ni el sistema que hemos alimentado durante décadas.

Si algo debería dejarnos este terremoto es la urgencia de exigir más transparencia y más responsabilidad. La moda no cambiará sola: la cambiamos con lo que compramos, con lo que dejamos de comprar y con lo que estamos dispuestos a desaprender.

Así que, ¿estamos ante el futuro de la moda? Sí. Es evidente es que este movimiento marca un antes y un después. Galliano × Zara no es solo una colaboración: es un espejo en el que la moda se observa y se pregunta quién es ahora. Y la respuesta, por primera vez en mucho tiempo, no se encuentra en París. Está en Arteixo.

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